Terapia génica busca restaurar visión en DMAE seca

Una inyección ocular de dosis única convierte células retinianas supervivientes en células sensibles a la luz y abre la puerta a un ensayo clínico en atrofia geográfica, basada en descubrimientos reconocidos con el Nobel de Medicina 2026.

Para aproximadamente un millón de estadounidenses que viven con atrofia geográfica, la forma avanzada de la degeneración macular relacionada con la edad (DMAE) seca, lo mejor que la medicina puede ofrecer actualmente es tiempo. Dos medicamentos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) pueden ralentizar la pérdida progresiva de la visión central, pero ninguno puede recuperar la visión ya perdida.

Un estudio presentado esta semana durante la 130.ª reunión anual de la Academia Americana de Oftalmología (AAO) sugiere que esto podría cambiar en el futuro. Los investigadores informaron que una sola inyección de una terapia génica experimental, sonpiretigene isteparvovec, conocida como son-vec, mejoró la visión en pacientes con una enfermedad macular hereditaria relacionada y mostró resultados alentadores en un modelo animal de atrofia geográfica.

Según el equipo investigador, los hallazgos fueron suficientemente sólidos para avanzar directamente hacia un ensayo clínico aleatorizado y controlado de fase 2 en pacientes con DMAE seca, sin realizar el estudio inicial de seguridad que habitualmente precede a esta etapa.

“Actualmente existen tratamientos aprobados por la FDA que ralentizan la progresión de la atrofia geográfica, pero no hay tratamientos disponibles que mejoren la visión”, señaló David S. Boyer, MD, reconocido oftalmólogo e investigador principal del estudio. “Contar con una inyección única, que parece segura y que podría mejorar la visión de mis pacientes, fue una excelente razón para realizar el estudio”.

Reprogramar la retina

La degeneración macular destruye los fotorreceptores —bastones y conos localizados en la parte posterior del ojo—, encargados de convertir la luz en señales eléctricas que el cerebro interpreta como imágenes. Una vez que estas células mueren, las opciones de los tratamientos convencionales son limitadas.

Son-vec adopta un enfoque diferente basado en la optogenética, el innovador campo de investigación reconocido esta semana con el Premio Nobel.

En lugar de intentar preservar o reemplazar los fotorreceptores, la terapia introduce un gen en las células bipolares, una capa de neuronas de la retina que normalmente transmite las señales procedentes de los fotorreceptores y que suele permanecer intacta incluso después de que estos se hayan perdido.

Una vez incorporado el gen, las células bipolares producen una proteína sensible a la luz denominada opsina, que les permite responder directamente al estímulo luminoso. En esencia, la terapia aprovecha una parte de la retina que aún permanece funcional para que asuma la tarea de las células perdidas.

El tratamiento se administra mediante una inyección intravítrea, un procedimiento habitual en la práctica clínica de retina.

Resultados iniciales prometedores

Los resultados presentados durante la reunión proceden de dos líneas de investigación complementarias.

En un ensayo abierto de fase 2 realizado en varios centros, pacientes con enfermedad de Stargardt —una afección hereditaria que provoca daño macular similar al observado en la atrofia geográfica— recibieron una sola inyección de son-vec.

Todos presentaban una agudeza visual de 20/200 o peor, criterio de ceguera legal en Estados Unidos. Entre los pacientes cuya atrofia estaba limitada a la mácula, la visión mejoró un promedio de 12 letras en una cartilla optométrica estándar, equivalente a una ganancia superior a dos líneas.

El tratamiento fue bien tolerado y no se notificaron eventos adversos graves.

Paralelamente, un estudio de determinación de dosis realizado en primates no humanos con lesiones inducidas por láser, diseñadas para simular la atrofia geográfica, demostró que la proteína generada por la terapia se expresaba en las neuronas de la retina.

Además, los ojos tratados mostraron respuestas eléctricas significativamente mayores mediante electrorretinografía multifocal, una prueba que permite medir cómo responden a la luz diferentes regiones de la retina.

La terapia también se ha evaluado en pacientes con retinitis pigmentosa, otra enfermedad hereditaria que destruye los fotorreceptores, y se han observado mejoras en algunos aspectos de la función visual.

Un resultado inesperado

El Dr. Boyer reconoció que los resultados fueron diferentes de lo que inicialmente esperaba. Una de sus preocupaciones era que, en los ojos donde aún permanecían algunas células sanas, estas también pudieran verse afectadas por la terapia, lo que dificultaría detectar una mejoría visual.

“Sí, me sorprendió”, afirmó. “Me preocupaba que aumentara la actividad de las células viables y que eso enmascarara la mejoría visual, pero no ocurrió”.

¿Qué sigue?

Los investigadores advierten que los datos obtenidos hasta ahora en humanos proceden de pacientes con enfermedad de Stargardt y no de personas con degeneración macular relacionada con la edad.

Además, el estudio fue abierto, lo que significa que tanto los pacientes como los investigadores sabían quién había recibido el tratamiento.

El ensayo aleatorizado previsto ahora para pacientes con atrofia geográfica buscará determinar si el beneficio observado también se mantiene en una población mucho más amplia de adultos mayores afectados por esta enfermedad.

A más largo plazo, explicó el Dr. Boyer, el objetivo es “realizar ensayos de fase 2b/3a para confirmar estos resultados iniciales y obtener la aprobación de la FDA”.

Para los oftalmólogos, señaló, el mensaje es de esperanza cautelosa:

“En el futuro podría existir un tratamiento para los pacientes con pérdida visual secundaria a la atrofia geográfica que, con suerte, permita obtener ganancias visuales”.

Para los pacientes y sus familias, el especialista también destacó un cambio más amplio en el abordaje de la enfermedad.

“Esta y otras compañías están explorando formas mejores y más tempranas de tratar la DMAE seca”, concluyó.

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