Un estudio identificó cuatro biomarcadores en OCT que permiten anticipar si la DMAE intermedia evolucionará hacia la forma neovascular o la atrofia geográfica.
En un nuevo estudio se han identificado biomarcadores que predicen la conversión a la DMAE neovascular.
Un nuevo estudio multicéntrico publicado en la revista Eye sugiere que la realización rutinaria de imágenes estructurales mediante OCT en la fase intermedia de la degeneración macular relacionada con la edad podría ayudar a los médicos a anticipar si los pacientes tienen más probabilidades de evolucionar hacia la DMAE neovascular o hacia la atrofia geográfica, cada una de las cuales conlleva implicaciones terapéuticas muy diferentes.1 Los investigadores descubrieron que cuatro biomarcadores de OCT basales resultaban especialmente útiles para distinguir entre una futura conversión neovascular y una atrófica: el signo de doble capa, la altura máxima de las drusas, los focos hiperreflectantes y la atrofia incompleta del epitelio pigmentario retiniano y de la retina externa (iRORA).
El estudio longitudinal retrospectivo incluyó154 pacientes con DMAE inicial atendidos en tres centros de referencia en retina de Italia y Francia. Todos los pacientes tenían más de 55 años y no presentaban signos de atrofia geográfica (AG) ni de DMAE neovascular (DMAE n) al inicio del estudio, pero se les consideraba de alto riesgo y evolucionaron hacia la DMAE avanzada en el plazo de un año. Se excluyeron los ojos que habían recibido tratamiento retiniano previo, que presentaban otras enfermedades retinianas o en los que las imágenes no eran adecuadas. Si ambos ojos cumplían los criterios de inclusión, solo se incluía el ojo con mejor calidad de imagen.
Al inicio del estudio, la cohorte presentaba una edad avanzada (edad media: 80 años) y la mayoría de los participantes eran mujeres (70 %). Se identificaron varios biomarcadores de OCT entre la población del estudio, entre ellos drusas y pseudodrusas reticulares (67 % de los ojos), depósitos laminares basales (74 %), focos hiperreflectantes en la zona de la lesión (56 %), iRORA (35 %) y el signo de doble capa (34 %).
Tras un año de seguimiento, 88 ojos (57 %) evolucionaron a nAMD y 66 ojos (43 %) a GA. La agudeza visual empeoró en ambos grupos: en los ojos que desarrollaron nAMD, la agudeza visual mejor corregida (BCVA) descendió de 0,13 ± 0,10 logMAR a 0,30 ± 0,24 logMAR; en los ojos que evolucionaron a GA, la BCVA empeoró de 0,19 ± 0,18 logMAR a 0,30 ± 0,29 logMAR. Entre los casos que pasaron de la nAMD a la GA, la distribución por subtipos fue del 45 % de neovascularización macular de tipo 1, del 7 % de tipo 2 y del 48 % de tipo 3. En el grupo de GA, el área media de atrofia al cabo de un año fue de 0,74 ± 1,10 mm².
Los investigadores señalan que los ojos que posteriormente desarrollaron nAMD presentaban una mayor prevalencia del signo de doble capa (77 frente a 52 %) y de depósitos laminares basales (81 frente a 65 %). Por el contrario, los ojos que posteriormente desarrollaron GA presentaban drusas de mayor tamaño y más características relacionadas con la atrofia. La altura media de las drusas fue de 144 ± 86 µm en el grupo de GA frente a 100 ± 43 µm en el grupo de nAMD, y el diámetro medio de las drusas fue de 810 ± 751 µm frente a 473 ± 362 µm. La HRF también fue más frecuente en el grupo con GA, tanto en la zona de la lesión (67, frente a 48 %) como en otras zonas (77 %, frente a 57 %). Por último, el iRORA se asoció fuertemente con la conversión a GA (65 %, frente a 13%).
Aunque los investigadores no pudieron identificar un valor umbral, señalan en su artículo: “La identificación de tan solo cuatro biomarcadores en el ámbito clínico (es decir, la presencia de drusas grandes, el signo de doble capa, los focos hiperreflectantes y el iRORA) podría ayudarnos a discernir la posible progresión hacia la GA frente a la nAMD”.
A medida que los tratamientos para la GA siguen avanzando, la capacidad de anticipar la probable dirección de la progresión a través de estos biomarcadores estructurales podría mejorar el momento de la derivación y la frecuencia de seguimiento, explican los investigadores. Añaden: “En la forma atrófica, podríamos identificar rápidamente a los pacientes que podrían beneficiarse de las estrategias actualmente disponibles para ralentizar la progresión de la enfermedad, preservando el máximo tejido retiniano posible. En cuanto a la forma neovascular, es importante identificar rápidamente a los pacientes que evolucionan hacia la forma exudativa, para que puedan recibir el tratamiento adecuado y se pueda controlar el líquido retiniano lo antes posible”.
Los autores del estudio concluyen que futuros estudios ayudarán a validar estos hallazgos en poblaciones de pacientes más amplias, a perfeccionar los modelos de riesgo basados en la OCT y a determinar su eficacia en la práctica clínica diaria.
Referencias:
- SacconiR, Menna M, Beretta F, et al. Predictores de OCT que distinguen la progresión hacia la degeneración macular relacionada con la edad neovascular frente a la atrófica. Eye. 10 de junio de 2026.
Review of Ophthalmology Staff. (2026, 10 de julio). Dysphotopsia classification system developed. Review of Ophthalmology.
https://www.reviewofophthalmology.com/article/dysphotopsia-classification-system-developed



