Homenaje a Francisco Barraquer-COLL: médico, oftalmólogo, patólogo ocular, micro-biólogo y maestro

Francisco Barraquer-Coll fue un hombre bueno. Profesor, maestro, mentor, colega y amigo. Su partida el 13 de mayo de 2020 es una perdida enorme para la medicina, la oftalmología y la humanidad.  Nacido y criado en Barcelona, España de una estirpe médica y oftalmológica sin igual. Realizó su estudios primarios y secundarios en Barcelona.

Ernesto J Otero-Leongomez, MD

Francisco Barraquer-Coll se trasladó a Bogotá, Colombia a unirse a su familia, quienes habían emigrado años antes, y donde completaría sus estudios universitarios en medicina y cirugía en la Universidad Javeriana. Cursó su residencia en oftalmología al lado de su padre el Profesor José Ignacio Barraquer-Moner, icono y referente de la oftalmología mundial en el siglo XX.  Dedicó su vida a la córnea, el segmento anterior del ojo y a la patología ocular. Fundó el departamento de patología ocular de la Clínica Barraquer desde sus inicios.  Fue su director siempre. Presidente del Instituto Barraquer de América desde la muerte de su padre en 1998. Miembro fundador de la asociación colombiana de Cornea (Cornea Colombia). La patología ocular y la micro-biología fueron su pasión.

El Doctor Francisco o FB, como se le conocía en la clínica y en las reuniones de egresados, tuvo un impacto en sus más de 200 alumnos directos y de muchos otros oftalmólogos quien frecuentemente solicitaban su ayuda con algún caso enigmático o complejo. Era un perfeccionista en todo lo que hacía. Metódico como pocos. Solía tener en su consultorio un cuaderno en el que tomaba notas sobre el motivo de consulta, antecedentes y todo lo relacionado con la consulta del paciente. En este cuaderno, además, anotaba todo lo referente al examen y dibujaba, si era necesario, algún hallazgo llamativo. Luego, transcribía sus hallazgos a la historia clínica definitiva con un detalle y minuciosidad únicos. Si deseaba tomar un “registro fotográfico” como los solía llamar, era imperativo que su asistente imprimiese la carátula del paciente donde se encuentra consignada toda la información pertinente para poder llevar un registro preciso y completo de la foto que estaba tomando. Esto se repetía una y otra vez con sus pacientes, aquellos traídos por otros oftalmólogos o cualquier otro caso el cual se le remitía. Mantenía un cronometro en el cajon de su escritorio en consulta y de vez en cuando, tomaba el tiempo que gastaba con cada paciente. Esto para mejorar su eficiencia. Fuera la perfección en una fotografía con el suficiente brillo, el suficiente contraste y el perfecto enfoque de la córnea o la lesión, en el procesamiento de muestras anatomo-patológicas, sus historias clínicas, sus notas de seguimiento o sus descripciones quirúrgicas las cuales hacia siempre personalmente. Toda tenía un método y un grado de perfección inigualables. Recuerdo como si fuera ayer las palabras de inicio de su charla magistral (uno de los máximos honores de la Sociedad Colombiana de Oftalmología) en el Congreso Nacional de Oftalmología del 2006 diciendo: “Siempre he creído que todo lo que hacemos lo podemos hacer mejor…”

Su conocimiento, y esto es reconocido por todas las personas que alguna vez tuvieron contacto con él, era enciclopédico. Conocedor de todo tipo de temas. De literatura, arte, música, enología, historia etc. Era un lector voraz. Mantenía 3, 5 o más libros en su mesa de noche donde leía varios escritos al mismo tiempo. Recuerdo mucho una ocasión en la cual regrese de un congreso en Chile donde la conferencia magistral fue de filosofía. En ella hablaron de Espinoza, Unamuno y Sartre. A mi regreso, decidí leer a Sartre. En una de nuestras tertulias después de presentarle un paciente, le comenté que estaba leyendo a Sartre y me encontraba aburrido con el texto; lo encontré lento, soso. Me dijo “no leas a Sartre; mejor lee a Camus es más ameno”. En efecto deje a Sartre e inicie lecturas de Camus. A mi sorpresa, me gustó tanto que leí una tras otra sus obras más populares. No había tema que no conociera, o que no hubiese leído. Y qué decir de oftalmología.

Tuvo la suerte de vivir la transición de la oftalmología. De la oftalmología descriptiva, clínica a la oftalmología moderna y tecnológica. De crecer con ella en la medida que esta fue evolucionando. Hizo parte de esta transición a la par con uno de los más grandes en la historia y la locomotora al frente de este cambio. Su padre. De complementarlo. Decidió a muy temprana edad profesional no seguirle los pasos en el campo de la cirugía refractiva. Decidió abrirse solo su camino en el campo de la patología ocular. Gracias a su prodigiosa memoria, sabía todo lo que se podia saber en este campo. Se convirtió en una autoridad nacional e internacional. Autodidacta, estudioso como pocos sus charlas de patología ocular eran memorables. Todos los miércoles a las 7 pm en el auditorio de la Clinica Barraquer en Bogotá se hacían revisiones de todo tipo de enfermedades oculares desde lo clínico hasta lo microscópico extendiéndose durante 2 o 3 horas. Todos los asistentes boquiabiertos, absortos ante la claridad de sus conocimientos y la facilidad con la que solía transmitirlos. En consulta trataba a sus pacientes con elegancia, discreción y cariño. ¡Me comentó el día de ayer una paciente suya, que estaba tratando por una queratitis por acanthamoeba, que cuando llegó a donde el Dr. Francisco ella se había sentido “como si hubiese llegado al cielo y la hubiese atendido el mismísimo San Pedro!”

Fue un hombre excepcional. Un humanista de esos que cada vez da menos la humanidad o la medicina. Lo extrañaremos profundamente. Deja un vacío difícil de llenar. Sin embargo, su presencia permanecerá en nuestro quehacer diario. Siempre metódicos y siempre en busca de la perfección. Con cariño, elegancia, dedicación y un trato especial hacia nuestros pacientes.

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