Cuatro desafíos de nuestro tiempo: naturaleza, progreso, conocimiento y globalización

Cuatro desafíos de nuestro tiempo: naturaleza, progreso, conocimiento y globalización

En esta interesante disertación durante la asunción de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Oftalmología para el período 2021-2022, el ensayista argentino Santiago Kovadloff nos presenta su postura sobre los desafíos de nuestros tiempos.

Este artículo salió en el Noticiero ALACCSA – R # 48 septiembre – octubre 2021 y se publicó con el permiso de ALACCSA – R. Su reproducción está prohibida.

Para más información sobre el noticiero visite la página www.alaccsa.com

Por Santiago Kovadloff

“No es usual para un pensador compartir un espacio profesional como el de ustedes; sin embargo, no dejé de preguntarme, cuando recibí esta invitación de quien es actualmente el presidente de esta Sociedad si podía haber algo en común entre ustedes y yo, entre lo que ustedes hacen y lo que yo hago. Y descubrí que sí, es el verbo ver. Tanto ustedes como yo tratamos de ver mejor, de ayudar a ver, y de tratar que nuestra mirada no esté empañada, ni por la enfermedad, en lo posible, y por lo que es la enfermedad en mi terreno, que es el prejuicio.

El prejuicio no es más que la cristalización de un saber que pretende seguir teniendo validez a costa del diálogo con el prójimo. Por todo eso a mí me pareció que este verbo ver podía ser un escenario de aproximación entre nosotros. Julio lo sabe muy bien no solo porque me operó de cataratas y me ayudó a ver mejor, sino porque fundamentalmente nos ha unido la necesidad de comprender el tiempo en que nos toca vivir.  Así como a ustedes la realidad les impone desafíos permanentes de renovación en el campo del saber y de la especialización que concretamente ejercen, así también en el mío, la realidad me impone desafíos constantes que implican la demanda de un esfuerzo, que es lograr la consonancia entre lo que es la capacidad de reflexionar y los desafíos complejos que nos hace una realidad cambiante, incitante, incierta. Nos toca vivir en un tiempo sin encanto. El mundo ha perdido encanto pues se ha convertido en una prisión. Nadie sabe dónde está, estando en el lugar que ocupa, ni nadie puede desplazarse a ningún lugar sin dejar de sentir que está donde estaba. Al mismo tiempo la pasión de vivir, de aprender, la esperanza que en algún momento la realidad se transforme, reencanta al mundo y lo convierte en destinatario de una expectativa que no son lo es legítima sino imprescindible también. El hombre oscila entre la desilusión que muchas veces implica la realidad y la necesidad de no abandonar la expectativa de transformar esa realidad.

En los términos en que lo dijo hace muchos años Jorge Luis Borges en un encuentro con unos escritores que tuvimos con el recién elegido Presidente Raúl Alfonsín, cuando le tocó tomar la palabra por todos los que allí estábamos, dijo “Usted nos ha devuelto el deber de la esperanza”, no la esperanza, el deber de la esperanza, y yo creo que la esperanza es un deber. Puede ser espontáneamente un sentimiento de expectativa natural, pero desde el punto de vista estrictamente cívico, la esperanza no es una actitud subjetiva sino un deber profundamente asociado a los ideales de construcción de una sociedad mejor. Creo que además es conveniente concebir la esperanza como un deber, mucho más que como la expresión del optimismo. El optimismo no es aconsejable, el pesimismo tampoco ciertamente. Pero los dos tienen algo en común, depositan en la casualidad el desarrollo afortunado o desgraciado de los acontecimientos venideros. Si las cosas salen mal, qué le vamos a hacer y si las cosas salen bien salen bien. Alguien se ocupará.

Hay dos clases de derrotas, me parece a mí, que son distintas y permiten elegir una de ellas si de ser derrotado se trata. Una consiste en abdicar del trabajo de construir una sociedad mejor creyendo que nada, nada nos permitirá llevarla a cabo. La otra en entender que la dignidad del esfuerzo le infunde a la voluntad de luchar en la construcción un sentido propio independiente al desenlace que se alcance. Creo yo que el rasgo distintivo de la existencia humana es la insistencia. Somos seres que hemos venido a este mundo para insistir en ser, a diferencia del animal. El animal no tiene responsabilidades, no madura por obra del esfuerzo, sino por el imperativo exclusivo de la biología, en nuestro caso no es así, nosotros somos seres probables, si ponemos empeño seremos humanos. No está escrito en ningún lado que ser hombre o ser mujer sea natural. Debemos empeñarnos en ser lo que parecemos, pero no está escrito ni que lo logremos, ni que este vaya a ser el desenlace lógico de un desarrollo anatómico o biológico. Empeño entonces, si es frente a una realidad como la que hoy enfrentamos, que quisiera hablarles del valor del empeño unido a cuatro desafíos fundamentales que enfrenta nuestra época.

El primero de los desafíos que enfrenta nuestro tiempo y que es inédito en la historia de la humanidad es el que nos impone una naturaleza que agoniza, es decir el calentamiento global como elemento destructor del medio ambiente a consecuencia de los abusos cometidos por el hombre en el desarrollo de la modernidad. El hombre, a lo largo de 500 años desde mediados del siglo XV hasta la fecha ha concebido a la naturaleza como objeto de dominio, exclusivamente como objeto de dominio. No la ha concebido como interlocutora. La ha entendido como cosas a ser subordinada a su voluntad de poder. Consecuencia de esa relación asimétrica entre amo y esclavo es la protesta que desde mediados del siglo XX pone de manifiesto la naturaleza dirigiéndose al hombre para decirle: les quiero comunicar una novedad, a partir de ahora el tiempo lo fijo yo.

Hoy, nos toca vivir una crisis muy profunda que es la de las democracias occidentales, afectadas por el asedio del populismo, sujetas a las variables de las demagogias, con fracasos internos que alientan el desarrollo de la autocracia. Me parece a mí que es muy importante entender que necesitamos ciudadanos especializados. Participemos, logremos incorporar a nuestro sentimiento, y a nuestra vocación de saber la conciencia indispensable que solo puede brindar una idea del conocimiento que sea abierta, pluralista, integrada. Promovamos en nosotros algo más que nuestra condición de graduados, en distintas carreras, seamos de nuevo UNIversitarios capaces de integrar y no solo egresados de la feudalización de una forma de saber que, insisto, es imprescindible, pero no es suficiente. No es suficiente para los sistemas políticos en general en los que nos toca vivir.

Esto afecta el último punto que quiero tocar, es el referido a la globalización. En la Historia de la Humanidad ha habido muchas globalizaciones. El término se popularizó en el siglo XX pero lo cierto es que han sido por lo menos que 8 globalizaciones en la historia de la humanidad. La primera de ellas ha sido la romana, la consigna romana Urbi et Orbe, es decir la ciudad en el mundo, Roma en el mundo, ya pone de manifiesto que el concepto imperial de los romanos aspiraba a planificar la cultura romana como cultura mundial, y a subordinar a los valores de Roma la totalidad de las culturas mundiales. Así lo hizo y así lo sostuvo durante mucho tiempo. Hablar latín era imprescindible sea cual fuere la latitud del mundo en que uno se encontrara. La segunda globalización importante, fue de otra índole, la que promovió el cristianismo a través de la palabra católico universal en griego. El cristianismo promovió la idea de que un individuo tiene dignidad como tal en tanto comparte una fe que no depende de la latitud ni de una cultura particular, ni de una condición social, ni de la pertenencia a un único género. Hombres, mujeres, pobres, ricos, esclavos en la medida en que fueran católicos e hicieran de Jesús el eje vertebrador de su propia concepción del valor de la vida y de la muerte pasaban a pertenecer a un mundo uniforme a una globalización novedosa.

Una muy importante configuración de lo global fue la que tuvo lugar con los descubrimientos emprendidos en el siglo XIV, Europa fue al Nuevo Mundo, y bautizó con nombres del Viejo: Nueva York, Nueva España, Nueva Amsterdam. Los descubrimientos contribuyeron a inscribir lo inédito en el campo de lo édito y a nombrar con la nomenclatura europea todos los territorios que pasaron a incorporarse al nuevo saber de los nuevos descubrimientos. También es imprescindible mencionar un texto fundamental que es el de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, del 26 de agosto de 1789, que establece que un hombre, en el sentido genérico del término, tiene dignidad  porque es humano, y no porque tiene títulos, sea cual fuere su latitud.

La última, la nuestra, la globalización generada por la hegemonía de los imperios contemporáneos ha contribuido a producir una homogeneización subordinada al que tiene más poder, por parte de aquellos que lo tienen menos. Entonces las injusticias distributivas se perpetúan en modelos de globalización, que no pueden luchar por la equidad para mantener su hegemonía pero que deben luchar por la equidad si quieren una globalización verdaderamente planetaria. Ese es el gran desafío que la globalización nos plantea hoy, no se trata de que el poder sea necesariamente algo que se extinga. Se trata de concebirlo con suficiente inteligencia para que haya espacio protagónico para todos aquellos que solo se pueden integrar a la globalización desarrollándose y no subordinándose.

Me he limitado a estos puntos, les he planteado una serie de preguntas, aunque no las haya formulado como interrogantes, pero no quiero dejar de decirles, por último, que lo fundamental quizás sea aprender a preguntar. Las preguntas no preceden a las respuestas, vienen después de las respuestas, denuncian con su vitalidad el resquebrajamiento de respuestas que ya no son operativas, vivimos en un mundo donde muchas respuestas disponibles han envejecido, han caído, y eso significa preguntas potenciales, aprender a formularlas es aprender a convivir”.

Santiago Kovadlof es un poeta y ensayista argentino, autor de relatos para niños, traductor del portugués de Fernando Pessoa (Libro del desasosiego), al portugués de poemas de Joan Manuel Serrat.

Graduado en filosofía en la UBA, Doctor Honoris causa de dos universidades, Premio Nacional de Literatura, Premio Konex en dos ocasiones, Premio de la Academia Argentina de Periodismo. Profesor Honorario de Universidades de México, España e Israel.

Es actualmente miembro de número de la Academia Argentina de Letras, miembro correspondiente de la Real Academia Española y miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.

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