Coronavirus y oftalmología

Desde hace varias semanas la población mundial se encuentra amenazada por una nueva pandemia, originada por el ataque a la especie humana de un nuevo virus de la familia Coronavirus que normalmente solo afectaban a algunos animales como los murciélagos. Sin embargo, un grupo de ellos alcanzo la propiedad de transmitirse desde los animales a las personas, produciendo desde un simple resfrío hasta enfermedades muy graves que ponen en riesgo la vida de las mismas. 

Por el Dr. Daniel  Scorsetti

Este artículo se publica con autorización expresa del autor.

Este nuevo tipo de coronavirus denominado “SARS-Co-2”, fue detectado por primera vez en la ciudad china de Wuhan en diciembre de 2019, causando una enfermedad conocida como “COVID-19”, que puede generar infecciones respiratorias severas, entre ellas la neumonía. Los pacientes infectados experimentan síntomas de fiebre, tos, dificultad respiratoria, síntomas que pueden aparecer entre 2 y 14 días después de haber estado expuestos al virus, aunque recientemente se sospecha que este tiempo puede extenderse hasta 24 días posteriores a la exposición viral. Por otro lado, según un estudio publicado en The Lancet, los pacientes podrían transmitir el virus incluso antes de padecer los síntomas del mismo, y también existe la posibilidad de transmisión mediante portadores sanos.

Aunque en principio este nuevo coronavirus no es tan grave como el SARS-CoV (que se inició también en China en noviembre del 2002) ni tan letal como el MERS-C0V (detectado en el 2012 en Arabia Saudita), se ha propagado muy rápidamente a nivel mundial con números de casos que crecen significativamente a diario y un porcentaje importante de mortalidad en varios países como China, USA, Italia y España. La tasa de contagio es bastante alta, y la tasa de mortalidad es más marcada en personas mayores de 60 años debido a que estas personas pueden tener comorbilidades como alteraciones del aparato respiratorio, diabetes, cuadros cardiovasculares, o medicamentos que disminuyan la actividad del sistema inmune el cual además se deteriora normalmente con el paso del tiempo en individuos sanos.

De acuerdo con la Academia Americana de Oftalmología, el virus parece propagarse a través de pequeñas gotas respiratorias (gotículas) de 5 micrones de diámetro producidas cuando una persona infectada tose o estornuda, aunque también podría propagarse si la gente toca un objeto contaminado con el virus y a continuación se toca la boca, la nariz o los ojos.

Algunos informes sugieren además que el virus puede causar conjuntivitis, entre el 1 % y el 3 % de los casos, y ser transmitido por contacto con las lágrimas o la conjuntiva ya que pueden contener el ARN del virus. Por ello, los pacientes que acudan al oftalmólogo por conjuntivitis u ojo rojo y tengan síntomas respiratorios, podrían ser sospechosos de tener el virus. Sin embargo, un estudio reciente del Dr. Ivan Sean y colegas del Hospital Nacional de la Universidad de Singapur (publicado en la revista Ophthalmology de la Academia Americana de Oftalmología) ha encontrado que el riesgo de transmisión del virus a través de las lagrimas es bajo. Ellos estudiaron 64 muestras lagrimales de 17 pacientes con coronavirus a quienes se les realizaron testeos con PCR entre los días 3 y 20 de los síntomas iniciales y fueron negativos en las lágrimas mientras que la garganta y nariz de esos pacientes estaban llenas de COVID-19. Habrá que esperar más estudios y confirmar si se replican estos resultados para poder arribar a conclusiones mas cercanas a la realidad sobre la infección ocular.

Mientras tanto es importante considerar que las lentes de contacto pueden resultar un peligro añadido porque la silicona, (el material con el que están hechas) permite que el virus sobreviva en ellas durante cinco días. Por ello, es recomendable el uso de anteojos, ya que “la aplicación de lentes de contacto con las manos implica una manipulación inevitable para el probable contagio de coronavirus”.

Las lentes de contacto desechables son mejores que las reutilizables, pero no se consideran seguras para prevenir un contagio por COVID-19, por lo que tampoco se recomienda utilizarlas en estos tiempos de pandemia.

La principal herramienta para evitar esta nueva patología es la prevención, para ello las medidas de aislamiento social prolongado, higiene frecuente de las manos con agua y jabón, no tocarse la cara, limpieza de las superficies con agua y lavandina (el virus permanece viable para contagio en diferentes superficies por tiempos variados según cada una de ellas), toser o estornudar sobre el pliegue del codo, mantener una distancia de 2 metros con otra persona, ventilar la casa, desinfectar los objetos que se usan con mayor frecuencia con alcohol en gel ( celular, llaves, picaportes, etc.), cumplir las medidas de protocolo al entrar y salir de casa y solicitar atención medica de inmediato si se tiene alguno de los síntomas característicos ( fiebre, tos, dolor de garganta, dificultad respiratoria, perdida del olfato y del gusto) son las mejores indicaciones actuales para luchar contra esta pandemia, mientras esperamos la llegada de una vacuna y un tratamiento médico eficiente que resuelva este nuevo flagelo mundial.

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