
Laura Malkin-Stuart
Editora en Jefe Review of Ophthalmology en Español
Nuestro mundo del periodismo médico ha venido cambiando a pasos agigantados en los últimos años. Si el cambio de la comunicación física a la digital ya representaba grandes retos para las publicaciones, la inteligencia artificial ha venido a acelerar esa transformación de manera vertiginosa en todos los campos.
La velocidad de los cambios en la edición y la escritura se siente, a veces, como un viaje a un país desconocido en el que hay que aprender rápidamente un nuevo idioma y orientarse en un nuevo universo. Lo veo reflejado en nuestra tarea como editores, y sé que no soy la única. En muchas de nuestras reuniones editoriales hablamos sobre este cambio vertiginoso en la comunicación: cómo utilizar la inteligencia artificial en la edición de manera responsable y ética, cuáles son los límites de las herramientas que tenemos a nuestra disposición y cómo mantener nuestra voz propia en un mundo que demanda cada vez más contenido y mayor instantaneidad.
La tecnología también irrumpe en la comunicación de los oftalmólogos con sus pacientes. Recientemente hablaba con un gran amigo oftalmólogo que me decía sentirse un poco fuera de lugar en las conversaciones con los pacientes más jóvenes, quienes, en muchos casos, en vez de saludar y explicar el problema, permanecen atentos al teléfono durante el intercambio con el médico. Sin embargo, cuando entra un médico más joven, teléfono en mano, este tipo de interacción no le parece nada extraño y, más bien, busca en su dispositivo los síntomas que le describe el paciente.
Mi amigo se preguntaba si tal vez era él quien estaba fuera de lugar en ese intercambio y no el paciente, que es, finalmente, un producto de nuestros tiempos.
Para la gente de mi generación, que llegó a conocer a sus abuelos, muchos de ellos nacidos a finales del siglo XIX, y cuyos valores de comunicación fueron inculcados por ellos, oír un intercambio como este parece algo de ciencia ficción y; sin embargo, se ha convertido en la norma.
En este clima de tanto “ruido” en la comunicación, creo que es más importante que nunca mantener el centro. En nuestro caso, eso quiere decir anclarnos en los valores de responsabilidad y ética en la comunicación que han regido esta revista desde su lanzamiento, en 1994, como revista hermana de Review of Ophthalmology en Estados Unidos.
Les invitamos a disfrutar de nuestra maravillosa portada, creada por el doctor Leonardo Afrikany, cuya pasión por la fotografía médica es evidente en esta impactante imagen que comparte con Review. Nos invita a la contemplación y a la claridad en un momento en que lo necesitamos.
En lo que resta del año estaremos abordando este tema en nuestras comunicaciones. Les invitamos a escribirnos y compartir sus experiencias al respecto.
Me despido con la ilusión de encontrarnos y poder saludarles en algunos de los congresos en los que nuestro equipo estará presente durante los próximos meses.

