Sensibilidad corneal y calidad de vida visual en la enfermedad de Parkinson

Autores: Dr. Arturo Ramírez Miranda, Dra. Andrea Fernanda Campos Nieto

Coautores:  Azyadeh Camacho Ordóñez, Ana L Guerra-Anzaldo, Mayela Rodríguez Violante, Amin Cervantes Arriaga y Enrique O. Graue Hernández

Introducción

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa la cual es progresiva y afecta tanto el sistema extrapiramidal, que incluye bradicinesia, rigidez y temblor en reposo, así como manifestaciones no motoras como disfunción autonómica, deterioro cognitivo, hiposmia y neuropatía de fibras pequeñas periféricas, en cuyo contexto se enmarca la reducción de la sensibilidad corneal observada en esta población. Las alteraciones de la superficie ocular han cobrado creciente relevancia clínica, especialmente el síndrome de ojo seco, la disminución de la tasa de parpadeo y la inestabilidad de la película lagrimal.

En la actualidad, se ha documentado una reducción de la sensibilidad corneal en pacientes con Parkinson. Esto sugiere una degeneración periférica de las fibras nerviosas corneales. Esto nos invita a evaluar la percepción tradicional de que la enfermedad de Parkinson es una enfermedad exclusivamente del sistema nervioso central, y que también incluye afectación al sistema nervioso periférico.

A través de la microscopía confocal in vivo se ha demostrado una reducción en la densidad de fibras nerviosas corneales y un mayor grado de engrosamiento nodular en los nervios periféricos en enfermedad de Parkinson; esto proporciona correlatos estructurales a los cambios funcionales observados. Estas alteraciones pueden tener consecuencias clínicas relevantes, como el deterioro de la homeostasis de la superficie ocular y la disminución en la percepción del malestar ocular.

El objetivo principal de este estudio fue evaluar la relación de la sensibilidad corneal, la calidad de vida relacionada con la visión, los síntomas de la superficie ocular y la severidad clínica en la enfermedad de Parkinson. Se utilizaron herramientas validadas como el National Eye Institute Visual Function Questionnaire (NEI VFQ-25) y el Ocular Surface Disease Index (OSDI), junto con la escala de Hoehn y Yahr (HY) para estadificación de la enfermedad de Parkinson.

Métodos

Este estudio prospectivo observacional de cohorte se llevó a cabo para evaluar la relación entre la sensibilidad corneal, la calidad de vida visual, la sintomatología de la superficie ocular y la severidad de la enfermedad de Parkinson. Se incluyeron pacientes mayores de 18 años con diagnóstico clínico de la enfermedad de Parkinson según los criterios de la Movement Disorder Society, independientemente del estadio de la enfermedad o tratamiento previo. Se excluyeron pacientes con cirugía ocular reciente, infección ocular activa, diabetes mellitus o uso de medicación tópica distinta a las lágrimas artificiales.

La sensibilidad corneal se midió con el estesiómetro no contacto Brill Engines montado en lámpara de hendidura, aplicando pulsos de aire a 4 ± 1 mm de la superficie corneal. La calidad de vida visual se evaluó con el cuestionario NEI VFQ-25 (0-100, donde valores más bajos indican mayor discapacidad) y los síntomas de superficie ocular con el cuestionario OSDI (0-100, clasificado en normal, leve, moderado y severo). La severidad de la enfermedad de Parkinson se estadificó mediante la escala de Hoehn y Yahr. Para el análisis estadístico se incluyó el ojo más afectado de cada paciente, utilizando correlación de Pearson para las asociaciones entre variables y ANOVA para comparar la sensibilidad corneal entre estadios, con un nivel de significancia del 5%.

Resultados

En el estudio se incluyeron 356 ojos de 178 pacientes con enfermedad de Parkinson. La totalidad de los pacientes recibía tratamiento antiparkinsónico: el 77.4% con levodopa, el 48.7% con agonistas dopaminérgicos y el 9.0% con inhibidores de la monoaminooxidasa.

Respecto a los resultados, la puntuación media del cuestionario NEI VFQ-25 fue de 67.11 ± 9.35, con mayor afectación en las subescalas de visión periférica, visión general, conducción y funcionamiento social. En cuanto al cuestionario OSDI, la puntuación media fue de 25.17 ± 18.19, y aproximadamente el 77.7% de los pacientes refirió algún grado de ojo seco.

En promedio, los pacientes con enfermedad de Parkinson requirieron 6.47 ± 2.24 mBar de presión de aire para percibir un estímulo corneal, valor que refleja una sensibilidad corneal reducida en comparación con individuos sanos, consistente con la neuropatía de fibras nerviosas pequeñas periféricas característica de esta enfermedad.

La sensibilidad corneal varió de forma significativa entre los estadios de la escala de Hoehn y Yahr (p < 0.001). Los pacientes en estadios 3 y 4 presentaron una sensibilidad corneal significativamente menor en comparación con aquellos en estadios 1 y 2, mientras que no se observaron diferencias entre estos dos estadios iniciales. Esto sugiere que la disfunción nerviosa corneal se vuelve clínicamente evidente a partir de cierto umbral de progresión de la enfermedad.

Figura 1. A medida que la enfermedad de Parkinson progresa, la córnea pierde sensibilidad. Los pacientes con enfermedad más avanzada necesitan una mayor intensidad de estímulo para percibir sensaciones en la superficie ocular, lo que refleja un deterioro progresivo de la función de los nervios corneales. Este hallazgo apoya la idea de que el Parkinson no solo afecta al cerebro, sino también a nervios periféricos, y que la medición de la sensibilidad corneal podría ayudar a evaluar la gravedad de la enfermedad.

Discusión

Este estudio refuerza la idea de que la enfermedad de Parkinson no se limita a sus manifestaciones extrapiramidales clásicas, sino que también compromete, de manera importante, la superficie ocular y la calidad de vida visual de los pacientes. Esto se evidencia en la asociación significativa encontrada entre la reducción de la sensibilidad corneal y una menor calidad de vida visual evaluada mediante el NEI VFQ-25.

La reducción de la sensibilidad corneal asociada a peores puntuaciones en la calidad de vida visual puede explicarse por las anomalías en el procesamiento sensorial propias de la enfermedad de Parkinson. Los pacientes que padecen esta enfermedad presentan frecuentemente déficits sensoriales, como la disminución en la percepción del dolor mecánico, lo que puede conducir a una subestimación del disconfort ocular. Adicionalmente, el NEI VFQ-25 evalúa el impacto funcional de las alteraciones visuales en las actividades cotidianas, por lo que un paciente con sensibilidad corneal disminuida puede aún desempeñar tareas visuales con relativa eficacia; sin embargo, sus puntuaciones funcionales reflejan resultados inferiores a los esperados para su grupo etario.

La ausencia de correlación significativa entre la sensibilidad corneal y la puntuación OSDI constituye un hallazgo clínicamente relevante. En la enfermedad de ojo seco, la inflamación crónica y el daño sostenido de la superficie ocular pueden deteriorar la función nerviosa corneal, generando hipoestesia. Por ende, la reducción de la sensibilidad corneal puede ocasionar que los pacientes no perciban el malestar proporcional a la severidad real de su condición, subestimando así la sintomatología al responder cuestionarios subjetivos. Este fenómeno ha sido previamente documentado en la literatura, donde también se han observado correlaciones negativas entre la sensación corneal central y la tinción con fluoresceína y verde de lisamina.

La prevalencia de enfermedad de ojo seco en esta cohorte fue del 77.7%, cifra consistente con lo reportado en estudios previos, que oscila entre el 61% y el 70% en pacientes con Parkinson, e incluso la supera. Este dato sugiere que, desde etapas tempranas de la enfermedad, los pacientes con Parkinson constituyen una población de alto riesgo para desarrollar compromiso de la superficie ocular, lo que subraya la importancia de su evaluación sistemática en la práctica clínica.

El hallazgo de mayor proyección clínica fue la relación entre la sensibilidad corneal y la severidad de la enfermedad de Parkinson medida por la escala de Hoehn y Yahr. La reducción progresiva de la sensibilidad corneal conforme avanzan los estadios de la enfermedad sugiere que esta medición podría fungir como un marcador funcional no invasivo de la carga sistémica de la enfermedad de Parkinson. La disfunción nerviosa corneal parece volverse clínicamente evidente únicamente después de que la progresión motora y sistémica ha alcanzado cierto umbral, correspondiente al estadio 3 o superior. Estos hallazgos son congruentes con estudios de microscopía confocal que han documentado la reducción de la densidad de fibras nerviosas corneales y un mayor grado de beading nervioso en pacientes con Parkinson, ambos correlacionados con los estadios de la escala de Hoehn y Yahr.

Conclusión

La evaluación de la sensibilidad corneal mediante estesiómetro no contacto representa una herramienta clínicamente valiosa en el abordaje integral de los pacientes con enfermedad de Parkinson. Los hallazgos de este estudio demuestran que la sensibilidad corneal se correlaciona de forma significativa con la calidad de vida visual, pero no con los síntomas de ojo seco autorreportados, lo que refleja la complejidad del procesamiento sensorial periférico en esta población y la tendencia a subestimar el compromiso de la superficie ocular.

La reducción progresiva de la sensibilidad corneal conforme avanzan los estadios de la escala de Hoehn y Yahr posiciona esta medición como un potencial marcador funcional no invasivo de la severidad de la enfermedad. Su incorporación sistemática en la evaluación oftalmológica de los pacientes con Parkinson podría contribuir a la detección temprana del daño de la superficie ocular antes de que este se vuelva sintomático, lo que nos permite pensar en la sensibilidad corneal como una herramienta útil para el seguimiento de estos pacientes.

Bibliografía:

Camacho-Ordóñez A, Navarrete-Azuara M, Vera-Duarte GR, Guerra-Anzaldo AL, Alcocer-Salas AG, Rodríguez-Violante M, Cervantes-Arriaga A, Ramírez-Miranda A, Graue-Hernández EO. Correlation of Corneal Sensitivity With Vision-Related Quality of Life, Ocular Surface Symptoms, and Clinical Severity in Parkinson’s Disease. Cornea. 2026;00:1–8. doi: 10.1097/ICO.0000000000003950.

Scroll to Top