Reinventar la enseñanza


(Este artículo se publica con permiso de la publicación “Médico Oftalmólogo”, del Consejo Argentino de Oftalmología. Año 28 No 3 Octubre 2015, págs. 24-26).


La vida es dinámica y los cambios son inevitables. Para acompañarlos, la educa- ción debe adaptarse a los tiempos. Ese es el único modo de revertir la tendencia mundial a abandonar la formación oftalmológica en las carreras de grado.

En estos tiempos de avances médicos y científicos cada vez más veloces y numerosos, la enseñanza de la oftalmología en las carreras de grado se ve comprometida. Si la mayo- ría de los estudiantes no van a ser oftalmólogos, ¿para qué necesitan saber de oftalmología? Si quienes decidan ser of- talmólogos adquirirán las competencias necesarias cuando hagan su especialización, ¿por qué someter al resto de los estudiantes al aprendizaje de temas y habilidades que qui- zás nunca necesiten?

En un trabajo recientemente publicado, Shah, Knoch y Waxman realizaron una encuesta a 135 escuelas médicas en los Estados Unidos y Canadá para investigar el estado de su formación en oftalmología1. Encontraron la descorazona- dora cifra de que apenas un 18 por ciento de sus centros de estudios imparte enseñanza clínica en oftalmología como requerimiento curricular, cifra que disminuyó desde 68 por ciento en 2000 y 30 por ciento en el 2004.

En la Argentina, si bien las universidades tradicionales aún conservan al menos dos semanas de enseñanza de la mate- ria, las universidades más jóvenes -especialmente aquellas que intentan formar a sus alumnos mediante currículos in- tegrados- han reducido significativamente el tiempo desti- nado a la oftalmología.

Se nos plantea entonces un gran dilema: ¿qué debemos en- señar? ¿Qué temas podemos dejar afuera?

Albert y Bartley afirman, en el editorial que introduce al ar- tículo citado, 2 que el proclamar que “la educación en oftal- mología es importante” no conducirá a un cambio que nos permita mejorar la situación.

En este artículo reflexionaré entonces sobre algunas maneras de adaptarnos a los cambios en la enseñanza de la especialidad,

sin comprometer la calidad de la educación oftal- mológica que se les brinda a los alumnos.

¿Por qué es importante la educación en oftalmología para los estudiantes de medicina?

Nuestra experiencia en la especialidad nos per- mite vivenciar cada día el valor que le da el pa- ciente al sentido de la vista. Pero si tenemos en cuenta que la formación universitaria educa al médico general, ¿por qué mantener la enseñanza de la especialidad?

Las respuestas pueden resumirse en que práctica- mente todo médico necesita herramientas para:

  • Recibir al paciente en la emergencia y realizar los primeros cuidados para preservar la inte- gridad del ojo y la visión.
  • Diagnosticar enfermedades sistémicas con compromiso ocular.
  • Aconsejar y educar a sus pacientes.En principio necesita la formación porque debe- rá ser capaz de realizar la atención primaria oftal- mológica en lugares alejados que no cuenten con oftalmólogo. Además, la selección de la especiali- dad se ve influida por el paso del estudiante por la rotación clínica3. Si los estudiantes dejaran de co- nocer el trabajo del oftalmólogo y la diversidad de opciones clínicas, quirúrgicas, docentes y de investigación de su labor, disminuirían las posi- bilidades de atraer candidatos motivados y com- petentes a nuestras residencias.

    La razón final, aunque no menos importante, es que hay ciertos conocimientos básicos de “cultu- ra general” médica que todo profesional de la sa- lud debería tener.

    ¿Cómo podemos mejorar el pronóstico?

    Lo primero que debemos plantearnos es qué per- fil de médico estamos formando en nuestras uni- versidades y rediseñar nuestros programas de acuerdo con este perfil ¿Deseamos estudian- tes que “sepan” oftalmología al finalizar la cur- sada o médicos que posean habilidades que les permitan, por ejemplo, proteger el ojo trauma- tizado, indicarle un fondo de ojo a un paciente diabético, extraer un cuerpo extraño subtarsal, evaluarle el reflejo rojo a un niño y encontrarle una leucocoria? ¿Queremos que, además, tengan

    contacto con lo fascinante de nuestra es- pecialidad, sus cirugías, lo que represen- ta el don de la visión para el ser humano y nuestro rol único en la preservación y restauración de este don?

    Las respuestas a estas preguntas nos llevarán a rediseñar nuestros currícu- los en base a objetivos más prácticos, relevantes y orientados a la adquisición de estos conocimientos, habilidades y actitudes por el médico general.

    El contenido curricular que se deri- ve de estos objetivos deberá orientarse a la forma habitual en que los pacientes se presentan a la consulta, que es la for- ma en la que el médico se encuentra con el paciente en la vida real. La persona que consulta raramente acude al médi- co no especialista por “refracción”, “ca- tarata”, “glaucoma”, “enfermedades de la córnea”; en cambio, lo hace preocu- pada por “pérdida brusca de la visión”, “ojo rojo”, “trauma”. Estas presentacio- nes clínicas deberían ser los temas curri- culares de nuestros programas, ya que se ajustan más a la realidad que el médico vivirá en el futuro.

    Las estrategias didácticas se adap- tarán entonces a la enseñanza de habi- lidades simples pero útiles y factibles para un médico general. Para la ense- ñanza de los contenidos teóricos, nu- merosos recursos innovadores que van desde el e-learning (como el Curso para alumnos de la Asociación Panamericana de Oftalmología4) y los videos, hasta si- muladores para tabletas y teléfonos mó- viles, que pueden realzar y “actualizar” la enseñanza de nuestra especialidad. La incorporación de estrategias de interac- tividad (utilizando software gratuito a través del teléfono celular5) permite una participación más activa de los estudian- tes en las clases teóricas. La utilización de casos clínicos aporta aún más rele- vancia y utilidad al conocimiento que el médico necesitará tener para su vida profesional futura.

    La evaluación investigará luego si los estudiantes han adquirido estas habi- lidades. La resolución de casos (en vez del tradicional recitado de concep- tos memorizados) permitirá valorar el aprendizaje de una forma más parecida a la realidad.

    Finalmente, es necesario que los oftal- mólogos nos involucremos para par- ticipar en los grupos que deciden los contenidos curriculares en las carreras de grado. Si no participamos, alguien decidirá por nosotros y quizás no a fa- vor nuestro.

    La hora del cambio antes o después, nos guste o no, lo que ocurre en el mun- do nos termina afectando. La tendencia mundial decreciente de las horas dedi- cadas a la oftalmología pone en riesgo la permanencia de la especialidad en la formación médica de grado. Es funda- mental que los oftalmólogos nos plan- teemos el cambio a una formación de grado renovada, más útil y enfocada a lograr la adquisición de habilidades que el médico general pueda utilizar en su vida profesional futura. Este abordaje nos permitirá defender con argumentos lógicos la continuidad de la enseñanza de nuestra especialidad en las carreras de medicina.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember meLost your password?

Lost Password