Uso de redes sociales en desastres


¿Son las redes sociales las superheroínas del siglo XXI? Las redes sociales han hecho posible seguir huracanes, terremotos e inundaciones casi en tiempo real. Sufrimos de lejos con las víctimas y este awareness nos lleva a querer ayudarlos aún más.

Por Daniela Viteri, especialista en redes sociales para servicios médicos.

En países en vías de desarrollo la respuesta gubernamental a los desastres naturales puede ser más lenta y el acceso a la información escaso. Esto ha obligado a la sociedad civil a dar un paso al frente y apoyarse en la tecnología y las redes sociales para buscar formas de ayudar logrando cosas realmente sorprendentes.

Algunas iniciativas nacen de las mismas redes como por ejemplo el “I’m safe” que Facebook activó a raíz del terremoto de Nepal en el 2015 y permite a los usuarios marcarse como “a salvo” y avisar a sus amigos. Google implementó su “búsqueda de personas” en el 2012 después del terremoto de Japón para ayudar en la búsqueda de desaparecidos y en el 2015 lo actualizó para integrar SMS y no depender tanto del internet. Twitter, por su parte ha decidido intentar atacar la propagación de noticias y alarmas falsas facilitando listas que permiten seguir los eventos en forma cronológica y de fuentes confiables. Otras compañías tecnológicas con iniciativas parecidas son Skype que activa llamadas gratuitas en emergencias, Waze que incluye en sus mapas rutas seguras y albergues o Airbnb que después de cada desastre habilita su página para ayudar a conectar a quienes buscan y ofrecen albergues. Cada red ha implementado estas herramientas a raíz de un desastre natural y las ha incorporado de forma permanente, lo que permite activarlas con rapidez y a gran escala.

Las iniciativas corporativas son de gran ayuda como respuesta inmediata, pero para ayuda local o a mediano y largo plazo, lo verdaderamente sorprendente es lo que ha logrado hacer la sociedad civil apoyándose en las redes, incluyendo a los médicos.

Este año 2017, cuando Irma golpeó a Puerto Rico, los médicos del Bascom Palmer Eye Institute en Miami se activaron, no solo a través de la cuenta institucional del centro, si no dentro de la misma comunidad. Se crearon grupos grandes de WhatsApp con médicos en la isla que actualizaban en tiempo real el estado de los hospitales afectados y sus necesidades.

Otra gran iniciativa fue la de #EyeCarePuertoRico del Dr. Eduardo Alfonso que ayudaba a pacientes ya evacuados refiriéndolos a oftalmólogos en cualquier ciudad a la que hayan llegado; esta iniciativa se propagó por Facebook y lograron un alcance orgánico de más de 10.000 usuarios.

En México, tras el terremoto del 2017, los médicos también encontraron formas de ayudar a través de las redes. Varios centros ofrecían servicios gratuitos de atención a víctimas y voluntarios heridos, otros creaban sus propios centros de acopio y se apoyaban en sus perfiles de redes para recaudar donaciones. En Ecuador, tras el terremoto del 2016, la Sociedad Ecuatoriana de Oftalmología organizó un evento de educación virtual (webinar) que permitió recaudar fondos para purificadores de agua para las zonas afectadas. Esto sin contar los médicos de todo el mundo que se unen a brigadas de rescate y comparten sus experiencias en redes.

Otro gran problema durante los desastres naturales es el acceso a información confiable y organizada. Las redes han demostrado ser útiles para esto también, inclusive, en situaciones en las que los gobiernos no las facilitan o no ha respondido con rapidez. Un ejemplo es @Verificado19S, un grupo en México que utilizando el hashtag #verificado19S y la ayuda de civiles logró crear un mapa de daños y una base de datos colaborativa tras el terremoto muchísimo más rápido que las autoridades. SismoMX hizo algo parecido, tras una convocatoria en redes se juntaron programadores para diseñar distintas plataformas de ayuda que van desde appsheets con datos integrados de desaparecidos/heridos/hospitalizados hasta apps de celular (FuerzaMexico) para reportes de necesidades en sitios críticos.

En un mundo en el que los mega-desastres se están convirtiendo en norma y nos toman por sorpresa, cada vez son más quienes acuden a las redes sociales en busca de ayuda. Quienes hemos vivido alguna de estas situaciones conocemos el miedo, la desolación e impotencia que se experimenta. Conocemos también la gran ola de solidaridad y bondad que le siguen, una ola que ha encontrado en las redes una de sus más grandes aliadas.

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